Los Tres Mosqueteros

Vean las películas en versión original (subtituladas, si se quiere, claro). Siempre lo he dicho. Y después de hoy, seguiré diciéndolo. Y ya no por ver que los labios vocalizan lo que se oye – que también, quieras que no, tiene su punto – o porque me gusten más las voces – aunque hay dobladores con voces geniales –, ni para ver los pequeños matices de la voz original y esas cosas. No.

Simple y llanamente porque mientras estoy concentrada entendiendo lo que dice Matthew Mcfadyen con su profunda y sexy voz, o me río con las exageradas maneras de Orlando Bloom, etcétera, no me doy cuenta de todas las inverosimilitudes o exageraciones o incongruencias que se acumulan una tras otra a lo largo de Los Tres Mosqueteros y que, de estar doblado, me da tiempo a ver sin esfuerzo. Lástima. Supongo que la culpa es mía por ir a verla una segunda vez ¡en español!

Fuera del idioma, fuera de las exageraciones desmesuradas e inverosímiles de muchas cosas, debo admitir que es la mejor adaptación que he visto de la novela de Dumas en cuanto a argumento y eso, señores, me toca el corazoncito.

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