Cien euros

Muy graciosa, mi amiga Andrea ha expresado en voz alta lo que yo estaba pensando ‘¿Quién es este tal Palomar?’ Talmente su sorpresa era la mía. Hoy hemos leído en una asignatura donde nos hacen leer textos muy interesantes este artículo de opinión de un tal Palomar que me ha llamado mucho la atención por lo bueno, directo y mordaz que es exponiendo su preocupación ante una triste realidad. Este artículo ya es añejo, pero este Ramón Palomar tiene por ahí un blog, en el cual me he adentrado superfluamente y puedo decir que, si os gusta este artículo, os gustará su espacio.

Cien euros

Afloran los pequeños monstruos quinceañeros cuya única dialéctica es la de los puños y el calimocho. Forman parte de una raza que destaca por la parquedad de su verbo, por el raquitismo de su léxico, por una debilidad mental que les traslada hacia el famoso eslabón perdido de la evolución humana. Están a medio camino entre el hombre y el simio, desconocemos sus aspiraciones y sospechamos que tras su mirada de besugo ciego de porros se esconde el vacío más absoluto. Qué pena.

Tampoco deberían extrañarnos estos apaleamientos que sufren los médicos y los profesores, con la educación que han recibido estos jóvenes bárbaros era normal que la podredumbre estallase. Y esto sólo es el principio. Llevamos lustros aplicando políticas blandas, permisivas, tontilocas, estúpidas y falsamente progresistas en materia educativa, ¿qué esperábamos? Ya están aquí los resultados: un desprecio total hacia cualquier cosa que huela a cultura, un odio profundo hacia cualquier aspecto que nos recuerde el respeto al prójimo. Para redondear esta semilla de maldad que germina imparable, los colegas del pobre descerebrado que pegó a un profesor intentaban vender por cien euros las imágenes de la fechoría grabadas en el móvil. Como sólo se nutren de los programas casposos de la tele, estas lumbreras pensaron que también ellos podían ejercer de mercachifles comerciando con la hazaña. Han crecido entre la basura catódica y en ella se inspiran para conseguir un dinero. No se trata de imitar a los científicos, sino a los infrafamosos de la pereza y la pasta fácil que se consigue a base de exhibir las miserias. Cien putos euros a cambio de unas imágenes que duelen porque muestran la humillación de una persona que se dedica a enseñar. A esta raza de nuevos primitivos les nombras Quevedo y se creen que es una marca de gafas de sol. A tope.

Ramón Palomar, Las provincias (http://www.lasprovincias.es/prensa/20061103/cvalenciana/cien-euros_20061103.html)

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