Reflexiones sobre un pequeño sobresalto

El pequeño cuarto de baño se llena de vapor enseguida debido al poco espacio de aquel y a la condensación del agua caliente. Además, el sonido del agua fluyendo imposibilita que la joven oiga la música que suena fuera, en el comedor, así que empieza a cantar ella misma. Siempre le produce cierto placer cantar en la ducha. Siente su voz maravillosamente amplificada en tal diminuto espacio y se siente público de sí misma, dispuesta a admirarse de las pocas canciones cuyas letras consigue recordar. De pronto una araña le sobresalta descendiendo veloz por la cortina y su primera reacción es mudar el canto en grito. Conforme lo hace, sin embargo, se da cuenta gratamente sorprendida de que no es un chillido o grito de chica, que llamaría ella, no es un grito de pánico o terror rebelde surgido incontrolablemente en otras determinadas circunstancias. Aquella vez se trata tan solo de un grito de sobresalto, muy comedido y poco alarmante. Tras esta primera reflexión, retoma el objeto o causa en sí que ha motivado el grito en primera instancia: la araña. Y si bien esta parecía grande en un principio, la joven llega a considerar que ha sido más el sobresalto de lo inesperado, que un problema de dimensión. A ello le suma el contexto en que la ve – mientras se ducha y canta tranquila en su conciencia de seguridad bajo la abundante y cálida agua que se desliza plácidamente sobre ella y una puerta del váter cuyo pestillo está echado – y se reafirma a sí misma: la araña no es tan grande. Sobre todo si piensa en su último año viviendo en una casa donde las arañas campaban a sus anchas y vivían fuertes y sanas y enormes. Y aquella chica, su anterior yo que vivía en medio de semejante campamento arácnido, no se habría inmutado lo más mínimo. Esto lo admite la joven ahora avergonzada de haber gritado. Descubre entonces, riéndose de sí misma, que el grito en cualquier instancia fue desmotivado, pues la araña era pequeña, relativamente enana, de hecho. Entonces piensa de repente en qué pasaría si se deja picar por ella… ¿tendría alguna repercusión o mutación en su constitución genética? Algo en su interior le decía que la base lógica de aquel famoso cómic era deficiente – eso sin entrar en ningún momento en la base científica. Pero de haberse dejado picar por alguna araña, alguna de sus antiguas compañeras de piso habría sido más apta para el caso. De esta triste araña, la que estaba ahora frente a ella, no conseguiría ni siquiera el poder de la inoportunidad demostrado por el insecto – poder, por otra parte que ella misma tenía sin ayuda de nadie ni nada. Tampoco es que quisiera o necesitase superpoderes, tampoco es que supiera qué hacer con ellos. Estaba claro que ella no tenía madera de súperheroína, no tenía tampoco las ganas. Tenía demasiadas cosas que hacer ya como para ponerse a tratar de salvar el mundo. El mundo no tenía arreglo, no desde su corta perspectiva. Una araña tan pequeña no le daría poderes ni para cambiar el más pequeño de los pueblos de España. Dejándose picar por aquella triste araña, lo único que conseguiría posiblemente sería una hinchazón, picor, y en el mejor de los casos una reacción alérgica o una infección… No veía el provecho en nada de aquello. Mientras piensa en lo inútil que es esa araña, incapaz de darle ningún poder decente, incapaz de ayudarle a salvar su pueblo, piensa que toda aquella retahíla de pensamientos y razonamientos está desencadenada por el triste bicho que en ningún momento ha dicho o hecho nada más que caminar en un mal momento y lugar. Asqueada, vuelve a mirar a la araña que, por un momento, ha cesado de descender, y está a la altura de sus ojos, a unos veinte centímetros de distancia de ella, preparada para lo que pueda venir, excepto para que lo que, de hecho, va a venir. Cansada de aquel sinsentido, la chica alza el telefonillo sin reparo y dirige el chorro del agua hacia la araña, la cual pierde control de sí misma y se precipita cortina abajo hasta el suelo de la bañera. Una vez allí, acorralada de agua por todas partes, imposibilitada toda posible huida, la joven se asegura de que el pobre e inoportuno insecto acabe muerto no apartando de él el agua por unos segundos. Cuando decide concluido el asunto, se gira dándole la espalda al cadáver casi inexistente y sigue tranquilamente con su ducha riéndose de sí misma y de su grito. Qué tonta, sobresaltarse y gritar por una araña tan nimia…

2 pensamientos en “Reflexiones sobre un pequeño sobresalto

  1. jajajaja, no, no tengo nada en contra de los bichitos en general, no si están fuera de mi casa. Las arañas… podríamos ser incluso amigas, como lo éramos el curso pasado. Ahora, las cucarachas ya…

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