Los locos de Valencia

Voy a pecar de pretenciosa y voy a adentrarme en el mundo de la crítica teatral, a ver si consigo hacer algo decente. Pido disculpas de antemano por cualquier sensibilidad intelectual que pueda herir a continuación si acaso suelto alguna barbaridad en las próximas líneas. No es mi intención sino hacer un juicio sincero de lo que he visto y oído.

Hoy – ayer – he visto una obra en el Rialto llamada Los locos de Valencia. Hacía tiempo que no veía nada una obra clásica – no tanto una obra a secas – y al decir clásica me refiero una obra de un autor de los Siglos de Oro – mi eterno Lope de Vega –, y no solo una de esas que llaman un clásico de la literatura imprescindible y todo eso.

Antes que nada debo hacer constar que esta obra en concreto no me la he leído y no había oído hablar de ella hasta hace bien poco. La escribió Lope, junto a otra más conocida, La viuda valenciana, mientras cumplía en Valencia parte del destierro que en 1588 le obligó a alejarse de la corte, acusado de ser el autor de los libelos difundidos contra su antigua amante la actriz Elena Osorio. Sabemos que en Valencia se encontró con un panorama teatral muy rico que llegaron a denominar con el tiempo los críticos – unos señores muy doctos que se dedican a leer mucho y a pensar mucho sobre lo que leen – la escuela valenciana, formada por diversos autores, como por ejemplo Cristóbal de Virués o Guillén de Castro, que hacían obras muy interesantes y de gran calidad, si bien en tonos más clasicistas que los que el propio Lope gustaba de usar. De tal escuela, dicen algunos críticos, Lope tomó muchos rasgos para su teatro, el que marcó un antes y un después en la historia de la comedia española.

La trama de Los locos de Valencia es sencilla: un joven noble llega a Valencia huyendo de Zaragoza en busca de un amigo rico que le ayude, pues ha cometido un asesinato involuntario y necesita su protección. El problema es que el muerto era una persona muy importante, y el amigo del protagonista, el rico, inseguro de su propio poder para el caso, le aconseja que se meta en el Hospital de Valencia (de los locos) y que se haga pasar por loco furioso para eludir así a la justicia. Después entra en juego una mujer, muy bella, claro, de la que todos se acabarán prendando y que sin estar loca, también acaba en el hospital. También hay más hombres y más mujeres por ahí, y mucho amor y mucha locura, de modo que la acción se enreda y pasa eso de que hasta el mismo final no estás del todo seguro de que acabará bien, y con bien me refiero a como uno quiere. No pretendo destripar el argumento más allá de esto, ya me conocéis con mis manías de reservar el final, mantener la intriga y tal.

El caso es que la obra me ha gustado. La adaptación, a rasgos generales, ha sido muy comedida: mantenía el verso pero que con el gran matiz y juego de tonos – y del mérito de los actores hablaremos más después – se ha hecho, no solo llevadero, sino perfectamente entendible. Esto es claramente importante porque con un público actual que no está acostumbrado a oír recitar en verso – y pienso, por ejemplo, en una clase de adolescentes que ha ido con su profesora y que ha ocupado tranquilamente media platea – si no se hace bien, puede resultar pesado, denso, soporífero, imposible, etc.

En cuanto a la estética, destacaba el atrezzo casi atemporal, aunque con toques típicamente asociados al teatro del absurdo que le han proporcionado gracia al decorado y han suscitado determinadas escenas muy graciosas; mientras que el vestuario era más clasicista, aunque pudiéndose apreciar ciertas licencias.

Por otra parte me han llamado la atención las canciones que tenían lugar a lo largo de la obra, integrados en la acción, para aligerar los monólogos largos. Algunos más llamativos que otros, estando algunos dentro de cierta tradición arábigo-valenciana, otros no sé muy bien dónde… Creo que la idea ha sido acertada, si bien en un principio me ha sorprendido completamente que empezasen a cantar de sopetón, pero el resultado no me ha terminado de convencer.

Ahora, fuera de aspectos técnicos, y hablando de los actores, la interpretación de estos ha sido excelente: atendiendo a la propiedad de sus personajes y a sus caracteres, han sabido darle modernidad a unos personajes situados cuatro siglos atrás con éxito, así como gran credibilidad, lo cual es sin duda muy importante, manteniéndose siempre en el contexto del los Siglos de Oro.

Por todo esto os recomiendo que, si una tarde de estas en que ya empieza a refrescar, queréis salir un poco de la rutina y no ir solo a tomar algo o al eterno cine, vayáis a verla, porque vale la pena. Además, como ha dicho una amiga cuando salíamos, ‘el tiempo ha pasado volando que ni te has enterado’ y eso no significa sino que la obra ha estado bien. Daos prisa, porque solo estará hasta el 27 de noviembre. Ahora bien, si no llegáis a verla no desesperéis, la programación para los teatros de la Generalitat cuenta con varios montajes muy interesantes. Huelga decir que estoy dispuesta a ocupar mis tardes con alguno si alguien se anima.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s