Sin nombre

Por muy extraño que parezca, he encontrado este escrito entre mis notas y no sé decir con seguridad si lo escribí yo o lo extraje de alguna obra que leí y me gustó. Me inclinaría por lo segundo, pero es que ya digo: ¡no me acuerdo lo más mínimo! Y me da mucha rabia porque las incógnitas sin resolver son especialmente molestas para la curiosidad, de lo cual yo tengo un rato. Además, me gusta citar las fuentes de las cosas que selecciono para que no se me pueda tildar de tergiversadora de los hechos/dichos. En fin, leed el innominado fragmento y ved si coincidís conmigo en que es precioso.

Por cierto, si alguien sabe decirme si esto pertenece a alguna obra (y sobre todo a cuál), le ruego encarecidamente que me lo diga. ^^u Gracias.

En primer lugar creía total y sinceramente en la reacción de lo que estaba haciendo y sintiendo; de aquí nació un sentido de confianza en mí mismo y en la exactitud de la imagen que había construido, en la sinceridad de sus acciones. No era la confianza de una persona absorta en sí misma, de un actor preocupado de su propio yo; era algo de una naturaleza muy diferente, semejante a un convencimiento de la propia integridad. ¡Acuérdese, por ejemplo, de cómo me comporto con usted! Mi sentido del respeto y la admiración hacia usted es muy vivo. En la vida normal me siento inhibido para expresarme con libertad, no puedo olvidar que estoy hablando con el director. Soy totalmente incapaz de abandonarme, de dar rienda suelta a mis emociones. Pero en cuanto estuve bajo la piel de aquel otro hombre, mi actitud hacia usted sufrió un cambio radical. Tenía incluso la sensación de no estar hablando con usted, sino con alguien completamente diferente, y de que tanto usted como yo le estábamos observando. Eso explica que el estar usted tan cerca de mí, el que estuviera mirando directamente a lo más profundo de mi ser, no sólo no me acobardase, sino que, muy al contrario, me excitara. Me divertía mirarle directamente a los ojos con insolencia, y al mismo tiempo me parecía tener derecho a hacerlo sin temor. ¿Cree usted que personalmente me habría atrevido nunca a hacer algo parecido? ¡De ninguna de las maneras! Bajo la piel de aquella otra persona podía ir tan lejos como quisiera, y si me atrevía a hacerlo cara a cara con usted, sin duda me habría atrevido a tratar de la misma forma al público al otro lado de las candilejas.

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