La noche, el delirio, el sueño

Sueño que vuelo y que el cielo eterno está a mi alcance. Que las nubes son toboganes y que las estrellas son lámparas con un interruptor al lado de mi cama.

Sueño que las dunas del desierto por el cual camino son olas del mar y no camino, me deslizo sobre una tabla de surf, que tiene espinas y esporas, y flores que brotan y llevan la vida al inframundo de muertos donde me adentro por momentos.

Sueño que puedo ir a donde quiero – tierra, mar o cielo – y que llego hasta el etéreo monte de los dioses. A las puertas de su casa, los dioses me miran, me evalúan y me desechan de su reino. Y aliviada descubro que no me preocupa, que puedo subir por encima de ellos.

Entonces busco el cuarto elemento en el regazo del sol y alzo mi globo de helio hasta las infinidades del universo.

Ni la Tierra, ni la Vía Láctea me limitan. El techo no parece llegar nunca, pero entonces llego y mi globo no sube más, y me veo forzada a mirar abajo.

Sonrío triunfante cuando veo el monte Olimpo desde lo alto, con la grandeza del mundo empequeñecida a su falda, y lo infinito hecho abarcable.

Entonces sueño que me despierto y caigo de mi nube interespacial sabiendo que no es lo peor cuando se está arriba, ni tampoco lo es la caída…

Lo peor es saber que no podré volver a subir.

No de día.

Por ello espero anhelante la noche, el delirio, el sueño, la verdadera vida.

3 pensamientos en “La noche, el delirio, el sueño

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