Pragmática y literatura

Pragmática: una rama concreta de la lingüística “que estudia el lenguaje en su relación con los usuarios y las circunstancias de la comunicación” – cito de la Rae. Hoy he llegado a una perla rara dentro de esta línea de estudio: un capítulo introductorio al estudio de la pragmática aplicado a la literatura.

La lengua literaria no es como la lengua natural sino reproducida, es decir, de mentirijillas y, por lo tanto, el señor Lázaro Carreter iba muy acertado cuando decía cuatro cosas bien dichas sobre el tema. Partía el señor Carreter del esquema de la comunicación lingüística de Jakobson (ese que hemos visto todos en el cole sin saber qué veíamos ni por qué de emisor, receptor, contexto, mensaje y código) cuyos términos halló necesario matizar allá por 1980. Decía así:

<<El emisor comienza por recibir un nombre especial: el autor. Se trata de un emisor distante, que no conoce a sus receptores potenciales, y al que éstos, la mayoría de las veces, tampoco conocen personalmente. La intención que le lleva a emitir su mensaje no deriva de ninguna urgencia comunicativa inmediata ni de ninguna utilidad práctica: ni siquiera es seguro que sea él mismo quien nos habla desde las páginas de su obra. Su mensaje no hace sujeto a un contexto definido, sino que se proyecta hacia otros tiempos y otros espacios. Además, tampoco desea respuesta, sino acogida: que su obra perdure y se difunda.

El receptor, en contra de lo que ocurre normalmente, es el que tiene la iniciativa del contacto: es él quien se acerca al mensaje. Tampoco este acercamiento suele ser fruto de la urgencia comunicativa o la necesidad práctca. Su interacción con el emisor se realiza necesariamente a distancia: puede que no coincidan ni en el lugar ni en el tiempo. Por otro lado, y en virtud de este desconocimiento, el mensaje no está construido especialmente para él, sino que se presenta como una realidad cerrada, conclusa: podrá asentir o disentir, pero nunca dialogar, replicar o modificarla.

El contexto no es único y compartido, como ocurre en buena parte de la comunicación cotidiana. Pueden variar el lugar, la época, la cultura… No puede hablarse, por tanto, de un contexto “exterior” único. La obra literaria tiene que crear ella misma su propio contexto, con arreglo al cual todo debe ser interpretado.

El mensaje nace para ser siempre de la misma manera, perdurable, distinto y distinguible. Forma y contenido se han concebido para ir siempre indisociablemnte ligados.

El código no constituye un desvío de la norma común, sino un sistema propio: el de la lengua literaria. Además, cada tipo de género cuenta con sus proppias convenciones y restricciones.>>

(sacado de M. Vitoria Escandell Vidal (1999): Introducción a la pragmática)

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