Graduación

Mi amiga Lluïsa quiere que hable de nuestro acto de graduación. ‘¿Por qué no?’ me pregunto harta de estudiar y vaguear a dosis iguales.

Empezaré introduciéndola como una preciosa, emotiva e incluso divertida ceremonia. Aquello parecía el ascenso al cielo y descenso a los infiernos con las traicioneras escaleras de subida y bajada del escenario y esos tacones altos, esas bandas azules imposibles de poner y tanto beso, sonrisas y amor que repartir a diestro y siniestro. Todos esperábamos – sin maldad, por supuesto – a ver quién daba un traspiés.

Pero antes los discursos.

Hablan los de rigor: el decano de la facultad y la jefa de departamento, primera sorpresísima.

Teresa Ferrer está radiante y emotiva. Cada palabra que dice me llega al corazón porque siento que lo que dice de la juventud, de la gente joven que orbita por la universidad me incluye. Yo no soy becaria ni nada parecido, y sin embargo soy estudiante y pululo por las aulas y los pasillos intercambiando impresiones y saludos cordiales con todo el mundo. ¿Será verdad que haya adultos que tengan en buena consideración a la juventud? Me siento orgullosa de haberme declarado abiertamente en repetidas ocasiones fan incondicional de Teresa y de su asignatura – el teatro de los siglos de oro. Habla también de cosas más importantes, pero nunca he sido yo tan lista como para quedarme con lo importante.

Entonces llega el turno de los representantes de lengua y literatura. ‘¿Hablarán todos?’ nos preguntamos los alumnos que aguardamos al momento temido de la recogida del papel. No lo sabemos, pero esperamos pacientemente para descubrir que sí.

Nuria Girona lee magistralmente un discurso del que siento decir que no recuerdo mucho – el tiempo pasado (una semana) y mi edad acusan a mi normalmente pésima memoria – pero recuerdo que escucho embobada cada palabra y al final un aplauso infinito prorrumpe del auditorio. Todos nos hemos quedado atónitos y prendados de tanta palabra.

Parece que los distintos oradores compiten por ver quién recibe más aplausos, porque Antonio Hidalgo tampoco se queda corto: el único representante del departamento de lengua española sobre la mesa ¡cuenta un cuento! Un cuento magnífico sobre un castillo de la filología hispánica que sufre estragos por la crisis pero que aguarda a la esperanza, el coraje y otros tantos mesías.

¿Qué le queda decir al padrino? Poco más, pero lo dice. Llegado este punto solo oigo conejitos salir de la boca de Jesús Peris y a mí me reconcome la rabia y la vergüenza porque no he leído ninguno de los textos que el profesor de Hispanoamericana cita y extrapola a nuestra situación actual. Me siento inútil e ignorante, no merecedora del título de pega que me van a dar en breves minutos y pienso: de mañana no pasa, me leo Carta a una señorita en París de Cortázar.

Pero no lo hice, de hecho no lo he hecho aún, es un hecho.

Por último, y cuando el público está deseando huir, lo siento pues a mí también me pasa, hablamos un par de alumnos más. Algo rápido y ligero para dejar buen sabor de boca.

Después del acto, con lágrimas incluidas – por lo menos de las madres, pues me consta – llega una cena y una celebración de algo que no ha sucedido aún: que somos licenciados en Filología hispánica. Pero aunque sea una mentira, y no me canse de repetirlo, me lo paso igual de bien, porque es algo totalmente extraordinario la cantidad de gente que se ha juntado y que olvida sus diferencias sociales, académicas y personales para pasar una noche en grande.

A veces pienso que todos los meses debería haber un acto de graduación y una cena de gala. Puede que no aprobásemos con tanta fiesta, pero seríamos más felices. Sin duda. Luego pienso que no, que sería una locura, que deberíamos acabar lo más pronto posible e irnos cada uno por nuestro lado – como ocurrirá antes o después – para recordar con especial cariño esa noche que fue única.

2 pensamientos en “Graduación

  1. ¡Oh, Anabel, qué bonito escribes! *aplausos* Me has hecho recordar con mucho cariño ese día que cada vez se aleja más…

    Fue una noche única, pero seguro que tenemos la oportunidad de volver a repetirla

    Me gusta

    • Me alegro de que te haya gustado. Es que si lo dejaba pasar más tiempo, habría habido demasiadas lagunas en mi narración (muchas más de las que hay), y lo cierto es que fue bonito y no quiero olvidar tan fácilmente.🙂

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s