A Roma con amor

Vale, hoy por fin he tenido las ganas de ponerme a escribir algo que considero importante, a saber una advertencia: No vayáis a ver A Roma con amor.

Mi sabia madre, que no la ha visto, dice que Woody Allen últimamente cuenta lo mismo de un modo casi aburrido y que por eso no le apetece ir a verla. A mí Medianoche en París me gustó mucho, porque me parecía original toda ella, si bien Owen Wilson era una mezcla de sí mismo y Woody Allen que al principio me ponía un poco de los nervios y que, al final, conseguí tolerar. Pero la historia, entrañable y fluida, me atrapó. Así que me dije: quizá la de Roma esté bien también. Pero no.

Forzada. Es una buena palabra que describe casi por completo A Roma con amor, forzada en las historias, en los personajes, en los diálogos, en el desarrollo de los acontecimientos. Además, mi madre tiene razón, el señor Allen cuenta siempre lo mismo, y aunque normalmente no nos importa porque lo cuenta bien, esta vez no ha sido el caso. Y el hecho de que haya un reparto excepcional no hace sino empeorar el fracaso de la peli, porque es una triste manera de enmascarar una mala película. Resaltaré solo tres historias: la del propio Woody Allen y su obsesión por convertir a su cosuegro en un cantante de ópera, la del desconocido Roberto Benigni que de la noche a la mañana se convierte en una celebridad, y la de Jesse Eisenberg con Ellen Page, adornada con Alec Baldwin. De lo demás ni siquiera me cansaré en pensar/hablar.

1. Woody Allen es el de siempre y eso puede gustar o aburrir. En Scoop me gustó, aquí me aburre. Su historia con el cosuegro es graciosa… hasta que la estira demasiado.

2. La historia de Benigni es genial, muy divertida – sin duda el actor influye mucho en eso – y todo va genial hasta que al final, de repente, sin saber a cuento de qué, aparece el personaje que tiene que dar la moraleja de su cuento. Y no es solo eso lo que me molesta, es que la misma moraleja que nos da, que es tan impuesta, tan para niño de cinco años, que sientes náuseas en ese mismo momento. De no haber estado, la historia habría sido mucho más redonda.

3. Jesse Eisenberg ha sido siempre, y parece que será siempre, un chico mono y adorable. Hasta ahí, bien. Ellen Page sale genial, luciéndose como una pesada sabelotodo a la que nos gustaría estrangular para que se callase. Hasta ahí también bien. Pero su propia historia está – y odio volver a usar de nuevo la misma palabra – forzada. No solo por la tercera persona de este triángulo amoroso, sino por el propio guión, por situaciones que no terminan de sostenerse. Debo admitir, no obstante, que la presencia de Alec Baldwin en esta historia es, no solo brutal, sino la clave de que sea probablemente mi favorita de toda la película.

Conclusión: me reí viendo la peli, cierto, y podría haber perdonado los clichés que usa el director a lo largo de ella, pero creo que, aun sin ganas como parece que estaba Allen cuando la rodaba (no hay otra explicación), podría haber hecho algo mucho mejor. Así que si tenéis algo mejor que hacer, no veáis A Roma con amor.

2 pensamientos en “A Roma con amor

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