Hiperluz

Existe una criatura siniestra que habita por parajes desconocidos de nuestra inconsciencia ancestral. Pocos han llegado a percibir su existencia, pero está ahí. Criatura siniestra de extraña morfología que se debate entre el bien y el muy bien. Vive allá en su mundo de inopia salvaje donde no existen límites morales que traspasar, sin que contemple moverse más allá de su campo hiperpositivo. Lo que no sabe esta criatura es que su mundo de materia está constantemente amenazado por la antimateria y, lo más inquietante, que el equilibrio está a punto de desestabilizarse porque, así como nada bueno acarrea hacer siempre el mal, de igual manera hacer siempre el bien no conlleva sino dolor en última instancia. Y ¿qué será del alma que siempre se mueva en parajes de hiperluz? Ebrio de luz hasta el paroxismo no solo desprecia la oscuridad sino que desconoce hasta la más mínima de las sombras placenteras. Un ser limitado, un ser obcecado en su perfección incapaz de apreciar la imperfección. ¡Ay, pobre de él!

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