El lecho de Procusto

Me toca las narices y la moral que cuando se hable de atención a la diversidad se hable exclusivamente de atender a los alumnos que no llegan a los mínimos requeridos o que no tienen las capacidades normales para seguir las clases. Por supuesto, estos alumnos son problemáticos ya que interrumpen el buen funcionamiento de la clase y, además, hinchan las estadísticas del denominado “fracaso escolar”, cosa que queda muy mal a nivel europeo o mundial. Se han bajado los estándares, todos los decimos, y aún así los alumnos no aprueban y no saben hablar y escribir. ¿Y nos extrañamos? Cuanto menos exigamos, menos harán.

Pero ¿por qué cuando se habla de “atención a la diversidad” no se habla de los alumnos que se aburren porque todo lo que se ve en clase lo saben de sobra y no les motiva precisamente por ese descenso insultante de los mínimos? ¿por qué no se habla de “atención a la diversidad” cuando hay potenciales superdotados que podrían hacer maravillas y explotar sus capacidades, de tener posibilidad y motivación?

Yo siempre he sido un poco pretenciosa a ese respecto, ya que me considero una víctima de ese problema. Mi familia nunca fue adinerada, así que no pudieron mandarme a una escuela privada. Con todo estoy contenta con la educación pública que he recibido, sin embargo, siempre he considerado que podrían haber sacado mucho más de mí si hubieran exigido mucho más. Ahora soy mayor y normal, bajé mis expectativas, y así me he quedado. Y ya está. ¿Pero por qué tiene que ser así?

En clase hablamos a veces de estas cosas y yo siempre me emociono llegado ese punto. El otro día, tras participar en el foro que creó un profesor para tal fin, flipé bastante con la respuesta que me mandó este profesor. No lo voy a subir íntegro, por supuesto, pero sí que subo la fábula con que cerró su mail de respuesta pues, a decir verdad, me gustó.

El lecho de Procusto

Procusto era el apodo del mítico posadero de Eleusis, aquella famosa ciudad de la antigua Grecia donde se celebraban los ritos misteriosos de las diosas Deméter y Perséfone. Era hijo de Poseidón, el dios de los mares, y por eso su estatura era gigantesca y su fuerza descomunal. Su verdadero nombre era Damastes, pero le apodaban Procusto, que significa “el estirador”, por su peculiar sistema de hacer amable la estancia a los huéspedes de su posada. Procusto les obligaba a acostarse en una cama de hierro, y a quien no se ajustaba a ella, porque su estatura era mayor que el lecho, le serraba los pies que sobresalían de la cama; y si el desdichado era de estatura más corta, entonces le estiraba las piernas hasta que se ajustaran exactamente al fatídico catre. Según algunas versiones de la leyenda, la cama estaba dotada de un mecanismo móvil por el que se alargaba o acortaba según el deseo del verdugo, con lo que nadie podía ajustarse exactamente a ella y, por tanto, todo el que caía en sus manos era sometido a la mutilación o el descoyuntamiento.

3 pensamientos en “El lecho de Procusto

  1. Aplaudo esta entrada y estoy completamente de acuerdo con tu opinión.
    Atender siempre a la diferentes a la baja no es lo más provechoso, pues si es cierto que de esta manera reduciremos aquello que llaman “fracaso escolar” no por ello estaremos dando una mejor educación. ¿Que todos aprueben es algo bueno? En mi opinión, no. Hay que elevar esos mínimos. No podemos llegar a la situación de que por saber hacer la O con un canuto nos den un título.
    De acuerdo de que hay que atender a todos, pero en todos se incluyen todos. Suena a perogrullada de las gordas, lo sé. Sin embargo, como bien dices, se olvidan a los de altas capacidades o, por decirlo de otro modo, a todos aquellos que no se les tenga que hacer una adaptación a la baja.
    No tendríamos que amputar, sino preparar la cama a la medida necesaria.
    Y siguiendo el ejemplo de cerrar con un fragmento del que sacar un pensamiento, ahí va el mio:
    “No se puede correr un derbi con un poni”.

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  2. Léete el artículo que teníamos en el grupo 1; Aulas diversificadas, de Tomlimson. Si no lo encuentras te lo envío al correo. De todos los artículos que nos mandó leer creo que es el único que trata, además de los alumnos “lentos de aprendizaje” (los llama así), a los “alumnos adelantados”. Defiende que igual que los lentos necesitan que estén encima de ellos para que desarrollen correctamente sus capacidades, también los alumnos aventajados necesitan que se desarrollen de otra manera sus capacidades, porque si no, nunca llegarán a metas más altas y acabarán quedándose estancados en los mínimos.

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