Regla básica de principiante

El joven escuchaba en silencio y cuando el maestro llegó al fin de su charla sobre la escritura – sobre la escritura sobre y con amor; sobre la base del amor en todo escrito; sobre la base del amor real que uno siente, el amor tangible por tan bien descrito – le apremió:

– Ala, pues ya sabes, ahora ve corriendo a escribir.

El joven aprendiz se halló descolocado ante aquella orden tan rotunda y, tras encongerse levemente de hombros y fruncir las cejas hacia arriba mostrando su reparo, preguntó compungido:

– ¿Y si no estoy enamorado?

– ¡Pues te lo inventas! es lo que tiene ser escritor – sentenció el maestro ofendido por una pregunta tan básica, tan de principiante, por parte de su alumno predilecto.

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