Liberación (I)

Hace tiempo que no subo historietas mías. Además, las últimas que he subido eran un poco tristes y espesas. No obstante, tiempo atrás publiqué una por entregas – Inspiración – que me ocupó bastantes entradas y que, para gran satisfacción mía, resultó gustar a bastante gente.

Ahora subo la que en realidad es la primera parte de aquella y que debería haber publicado antes para que se pudiesen entender ciertas referencias que ciertos personajes de Inspiración hacen a lo largo de la historia. Esta la escribí primero, pero subí aquella y no esta sencillamente por cuestión de preferencias. Recientemente he repasado la redacción y el estilo de Liberación y por fin creo que estoy prepararla para subirla a vista de lectores ociosos. He cambiado algunos nombres, pero sabréis situaros enseguida. Liberación es muy ligera, con intención cómica. Espero que os guste.

***

La vena creativa

Terminé el primer año de carrera con ciertas dificultades, alguna de las cuales consistían principalmente en que aún estábamos en periodo de exámenes y no me apetecía estudiar más. Por eso el día que salí de mi último examen sentí la libertad de manera tan exacerbada que regresé a casa con el pleno propósito de no hacer nada en mucho tiempo. Por desgracia mi madre tenía otros planes para mí: me había conseguido un trabajo en la Taberna del tío Paco, taberna que poseía un amigo de un amigo de mi madre y que estaba cerca de mi casa. Algo frustrada, pero igualmente decidida a perder el máximo tiempo posible antes de empezar a trabajar, me puse a ver películas como una loca. Una tras otra, vi tres películas y media, hasta que finalmente mi cabeza empezó a doler de una manera molesta y persistente. Entonces, y para variar, decidí alejar mi vista de la pantalla y comencé a escribir en una libreta. En un principio escribía sin rumbo ni idea previa, pero a mí no me costaba demasiado imaginar historias así que pronto me enganché con ganas. Acababa de terminar primero de filología hispánica, así que consideré oportuno intentar escribir algo grande. Tal vez un libro. Ya en el colegio me había dado por la escritura y había escrito relatos cortos que incluso habían sido alabados por conocidos míos. No obstante, un libro era una empresa más ambiciosa que cualquier relato que hubiera podido escribir hasta la fecha y consideré que quizá era la hora de intentarlo. Además, tenía tiempo – tres días para ser exactos – para emprender aquella empresa, y decidí intentarlo.

Pronto me vi a mí misma escribiendo sin parar, con un ritmo y una determinación que me maravillaban. Todo parecía surgir solo, como si siempre hubiese existido en mi mente y tan sólo necesitase dar con ello. Se trataba de historias entrelazadas de varios jóvenes ambiciosos que pretendían hacer algo útil de su vida y que, no obstante, solo conseguían quedar como inútiles delante de la gente a la cual pretendían impresionar. La pretendida base de humor era importante. Supongo que la base ya era deficiente, para empezar, y ahora podría asegurar que la forma de tratarlo era pésimo, infantil incluso. El caso es que en su momento me pareció bueno y todo.

Desafortunadamente, mi vena creativa se vio interrumpida sin remedio cuando me tocó incorporarme a la vida laboral en la molesta Taberna del tío Paco y dejé mi obra a medias cogiendo polvo el resto del verano. En el momento en que dejé de escribir a aquel ritmo, las historias murieron de asco en mi cajón.

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