Shaun of the Dead

Quizá estéis medianamente al corriente de que mi señora madre es bastante enrollada, fruto esta faceta de su personalidad de una prolongada y continua influencia ejercida por sus hijos, que sin intenciones ulteriores, le han (hemos) taladrado la cabeza con sus (nuestras) obsesiones pasajeras o payasadas del momento a lo largo de los años. Ayer, en un intento algo forzado de tirar de su cariz de madre guay me puse a ver con ella Shaun of the Dead. No Zombies party, no: Shaun of the Dead, en inglés (subtitulada en español, claro, si no la mujer se habría enterado de poco).

Al principio su cara era bastante inexpresiva, si acaso la lectura facial de su falto de entusiasmo que podríamos hacer nos haría pensar que estaba allí obligada por su hija friki a ver alguna frikada que solo a ella – a la hija – le hacía gracia, pero que tenía que aguantarlo por el amor que manifiestamente se profesan considerablemente a menudo con abrazos y besos y sonrisas amigables y discusiones purgatorias.

Sin embargo, conforme avanzaba la peli, yo podía ver – encantada conmigo misma y mi resolución, felicitándome secretamente – que mi madre se sonreía ante algunos de los puntazos de la peli, o incluso emitía pequeñas y comedidas risas de aquella persona que se ríe a pesar suyo… ¡Mi madre estaba disfrutando la peli!

Solo hubo un par de escenas que me hizo pasar: aquellas en que se muestra sin pudor cómo abren a alguien y comienzan a comérselo o cosas así, pero es que mi madre – y yo le sigo de cerca en este aspecto – es un poco asquerosa para las escenas de terror o gore o como quieran llamársele. El caso es que aguantó como una campeona y terminó de ver la peli. Incluso esta mañana me ha dicho mientras desayunábamos que “estuvo bien”. Solo por eso, me merezco mi medallita de buena hija friki.

Ahora bien, hay algo curioso que me llama la atención de los espectadores como mi madre y que quiero resaltar porque a veces yo también peco de eso (sobre todo cuando estamos en plena temporada de exámenes): siempre quieren ver un trasfondo en todas las historias. Y cuando digo trasfondo, digo trasfondo con tono místico, de los que pondrían los de Muchachada Nui, con eco y eso.

¿Hay de eso en Shaun of the Dead? ¿Simon Pegg y Edgar Wright pensaron en transmitir una moraleja o un pensamiento filosófico… algo como eso, en fin, cuando se pusieron a escribirla? Suponemos que su intención era hacer una comedia excepcional reciclando todo sus conocimientos de aficionados del género de terror (y comedia), que (sin duda) eran abundantes. Eso lo consiguieron, sin duda. ¿Pero al final acaso supone – más allá del buen rato de acción y risas que nos proporcionan – una reflexión sobre la amistad o sobre las relaciones de pareja o sobre la reacción de los seres humanos ante situaciones extremas? Mi madre votaría a que sí. Yo es que estoy de vacaciones y me contento con las risas y la acción.

Shaun-of-the-dead-background-shaun-of-the-dead-61287_1280_1024

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s