Hot fuzz

Hot fuzz, terriblemente traducida como Arma fatal, va a ser tema de mi digresión pseudocrítica hoy.

Una vez anunciado el tema – a veces pienso que si yo tuviera que corregir mis propias redacciones, sacaría un -10 o algo así: cuánta incoherencia, cuánta descohesión y cuánta inadecuación… – diré sin más dilación que la película, como prácticamente todo lo que he visto de Simon Pegg hasta ahora, me ha flipado.

hot fuzz ¿Por qué? Lo primero que me gustó de esta peli es que, para variar, cambiamos de registro. No estamos ante una película de un tema friki, aunque hay puntazos tales a menudo; y, en general, la peli sí que se puede calificar de friki. Pero hablamos siempre de un friki de culto, pues el bagage de cultura popular que encontramos aquí es tan abundante – y no olvidemos que la popular sigue siendo cultura – que es una obra muy completa y bien pensada. Eso es innegable y loable. No obstante, esta película no es tanto sobre ciencia-ficción (casos de Shaun of the Dead o Paul), como de cine propiamente dicho, y más concretamente del género policíaco y de acción. Y el cine de acción, si está bien hecho, siempre encanta.

Hay dos películas que son clara y anunciada referencia en el modo en que se desarrollan los hechos y se hace ver por el hilarante personaje del propio Nick Frost: Point Break (que de nuevo en español se traduce absurdamente distinto, a saber, Le llamaban Bodhi, que parece – es inevitable pensarlo – el título de una peli que va sobre un retrasado que consigue superar sus dificultades de retrasado, pero en fin…) y Policías Rebeldes 2 (Bad boys 2).

Por supuesto, hay más guiños a muchas otras pelis, siguiendo la dinámica de Pegg en aquello que escribe, y estoy segura de que me di cuenta de solo la mitad, si acaso. Pero aún así se disfruta.

El argumento es básicamente el siguiente: Pegg interpreta a Nicolas Angel, un agente de policía de Londres, un auténtico hacha en su trabajo, guiado por una conciencia o responsabilidad moral fruto de su capacidad de discernir entre el bien y el mal y su deseo de hacer cumplir la ley. La peli comienza con que este superpolicía es trasladado a un pueblecito llamado Sandford, del cual dicen es “el pueblo más seguro de todo Reino Unido”. En Sanford, como es lógico, se encuentra con un ambiente diametralmente opuesto al que estaba acostumbrado en Londres. En su nuevo destino, Angel desentona enormemente y no llega a congeniar con sus colegas debido a los distintos estándares y métodos profesionales, salvo con su gracioso e impresionable compañero Danny, al que interpreta un genial Frost. Todo se liará cuando empiece a haber una serie de muertes que Angel interpreta como asesinatos, mientras que el resto del pueblo los califica de accidentes – “término que implica que no hay nadie a quien culpar”.

Se me hizo ligeramente más larga de ver que Shaun of the Dead: en parte porque es, en efecto, más larga (media hora), en parte porque la acción se relentiza en un momento dado. Pero solo un momento y el clímax recompensa absolutamente la dilación.

Dicho queda. Salud.

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