Romanticismo

– Yo le miré
Un haz de luz atravesó la mirada de Pepica.
– ¿Y él? – preguntó ávida de datos. Celia se los concedió.
– Él me miró.
– ¿Os mirasteis? – su ansia de romance, de amorío novelesco era palpable. Celia postergó el momento, y con ello la tensión de su amiga, hasta que respondió.
– Nos miramos.
Pepica suspiró entrecortadamente, imaginando la escena que en un momento su amiga había dibujado en su mente. Dos almas sosteniéndose la mirada, primero inocentemente, mas después… Después tan intensas se habían tornado la mirada de él sobre ella y la mirada de ella sobre él que Pepia pudo sentir el deseo flotando en el aire, irradiándose en ambas direcciones. Se miraban, se examinaban, se gustaban, se bebían con los ojos.
– ¿Y después? – preguntó Pepica no queriendo dejar su imaginación volar más allá de los los hechos.
Celia la miró intensamente unos segundos, con una mirada, supo Pepica, si no igual, similar a la que le habría dirigido en su momento a él y que habría, sin duda, ahondado en lo más profundo de sus entrañas, igual que ahora sucedía con ella, como si pudiera leer sus pensamientos, sus más profundos anhelos.
– Después… apartamos la mirada y seguimos con nuestro camino – sentenció Celia tranquila hasta el hastío, mientras daba un tranquilo lametazo a su helado.

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