¡Escribiendo de nuevo!

El tiempo pasa muy rápido, es una verdad universal descubierta por cada ser humano llegado cierto punto de su vida. Andrea había llegado ahí muy pronto y, cada día, desde que cumpliera los 12 años, dedicaba un momento u otro a pensar en lo fugaces y lo carentes de importancia que eran las vidas de la gente. Inconscientemente, había desarrollado una ira sorda cada vez que veía a un niño jugando a ser mayor, o a una niña disfrazándose de mujer con ropa, calzado y maquillaje totalmente fuera de lugar. Paralelamente había desarrollado un denostado síndrome de Peter Pan y no tenía reparo alguno en decirlo: ella no quería crecer. La vida de los adultos era una somera mierda, carente de sentido en la mayoría de los casos, sobrecargado de responsabilidades absurdas. […]

Esto es casi medio botón de lo que tengo entre manos. Me encantaría poder decir que avanzo más rápido, pero la vida me entretiene y no escribo tanto como quisiera / debiera. Seguiremos informando.

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