Día 2: un día frío y un giro inesperado

El lunes nos levantamos Susana y yo más tempranico que el resto para regular el tema del aparcamiento del coche, porque a las 8 teníamos que haber solventando el asunto. Tras esto, fuimos a un Tesco que prometía amor eterno porque estaba en la esquina del hotel, y obviamente eso es un puntazo. Desayuno y comida eran nuestras metas. Solo arreglamos  el desayuno, porque la variedad de comida era escasa, los precios altos y Susana y yo no nos poníamos de acuerdo en qué coger y qué no. Estábamos en ese mágico momento de toda relación en que uno dice:

– ¿Qué quieres?

Y el otro responde:

– Lo que tú quieras

A lo cual se replica:

– A mí me da igual, lo que tú quieras

Y luego un:

-No, no, en serio, lo que tú digas.

Y sigue, y sigue y así se podría haber seguido horas. Pero afortunadamente no. Y lo cierto y obvio era que ambas sabíamos lo que queríamos: una magdalenas, la otra bizcocho… ¡pero nos podía la educación! Así que, muy sensatamente, decidimos coger tanto las magdalenas como el bizcocho  y compartir el marrón de futuras comidas con el resto.

Después del desayuno y de una maravillosa ducha, estábamos todos un poco más saciados, relajados, y dispuestos a buscar una oficina de Información y Turismo. La más cercana resultó estar en Lime Street Station – que es la central de Liverpool. Allí el señor nos marcó las atracciones más típicas de la ciudad y emprendimos el tour, siendo la primera parada la catedral. La Metropolitana primero, que, sorprendentemente – descubrí después – es de la Iglesia Católica… Sin ánimo de faltar al respeto a nadie, me pareció horrenda, un despropósito arquitectónico.

Liverpool Metropolitan Cathedral

La catedral fea

Y de allí a la Catedral de la Church of England, que es la Church predominante por estos lares. Yo creía que era más antigua. Pero resultó que no. Que se había propuesto hacerla a finales del siglo XIX, porque el obispo de Liverpool consideraba que la iglesia existente en su momento no era suficientemente grande y válida para loar a su señor. Así que se aprobó el proyecto, que no se retomó hasta 1901-2. A partir de ese momento se empezó a recaudar dinero de todas partes – a saber – y se empezó a construir en 1920, si la memoria no me falla. Y hasta 1978 que estuvieron haciéndola. ¡Olé! Grabé un video que estaba expuesto dentro de la catedral donde se veía el proceso y avance de la construcción.

Liverpool Cathedral

Catedral no tan fea de Liverpool

Me parece tan absurdo que la hicieran tan grande… Cuando parece que eso ya es una iglesia de tamaño considerable y suficiente para el culto o lo que sea, entonces construyen otra nave adyacente del mismo tamaño. Enorme. Disparatadamente enorme. Pero bueno, así están, pagándolo todavía. Como en Valencia el complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y en España tantas cosas, aeropuertos e infraestructuras varias incluidas. Las cosas como son y admito que todo me parece igualmente absurdo.

Después de la catedral bajamos por una calle que daba al barrio chino y de allí nos fuimos a la zona de los embarcaderos. Por despiste mío –  y cierta falta de comunicación añadiría – nos desvíamos y fuimos a parar directamente al Albert Dock, cuando en realidad queríamos haber salido más a la izquierda.

El Alberto Dock de Liverpool con una noria

El Alberto Dock de Liverpool con una noria

Paramos brevemente en la tienda de recuerdos del museo de los Beatles, y de allí fuimos embarcadero para arriba, más allá del Arena, embarcadero para abajo, por la parte interior, sobre todo, cuando llegábamos a la altura del Tate. Sin entrar, por supuesto. De allí fuimos ya al coche, pasando por entre la Art Gallery, el World Museum, las City Chambers y el teatro. Todos los edificios antiguos, neoclásicos y bonitos. Tampoco entramos a ninguno de estos edificios. ¿Para qué cuando se puede hacer turismo japonés de foto y tira palante que aún tenemos mucho que ver?😄

En el coche agotamos las provisiones que teníamos como si estuviéramos muertos de hambre, haciéndonos un mini sándwich de jamón york y madalenas. Totalmente recomendable (no). Lo primero que hicimos nada más salir del parking, antes siquiera de poner rumbo a Manchester, fue aprovisionamos de toda clase de manjares, desde pan de barra, a jamón york y salchichas o dos quesos brie, pasando por barritas de chocolate con caramelo, cacahuetes y plátanos. Oh, yes, dieta rica y variada.

El trayecto de Liverpool a Manchester condujo Gillen. El chico tenía curiosidad y ganitas, y viéndolo tan predispuesto, le dejé probar. No lo hizo mal, debo admitirlo – si bien al principio me tocaba la nariz su pésimo control del embrague pues, según él, siempre ha conducido coches de gasolina, nunca diesel. Perfectamente comprensible, pero a su vez, el cambio debería ser para mejor por lo fácil que es comparación… en fin, cierto es que finalmente le pilló el tranquillo. – Y aun así, al llegar a Manchester se puso nervioso perdido, sin parar de preguntar qué hacer o para dónde tirar. ¡Como si yo hubiera conducido alguna vez en Manchester y supiera el camino a los sitios!

Manchester fue una decepción para todos, mas creo que hay que ser justos y admitir que en el mal recuerdo colectivo influyó muchísimo el tiempo, el cual fue totalmente desapacible, lluvioso, frío… una mierda. Cuando conseguimos aparcar en un parking raro, y comimos un buen bocata de jamón, tomate y queso, nos fuimos a buscar la oficina de turismo. Como era de esperar no visitamos ningún museo ni ninguna Gallery. Pero vimos edificios bonitos por fuera, como era de esperar también. Esta vez, però, era por motivos ajenos, porque estos ingleses se empeñan en cerrar las cosas MUY pronto. Y después de hacernos con un mapa, lo primero que fuimos a ver fue la plaza de los Picadilly Garden (me llamó la atención que han puesto una noria) y la catedral. Claro.

La noria de Picadilly Gardens en Manchester

Picadilly Gardens en Manchester con OTRA noria

Fue más o menos en este intervalo de tiempo cuando Gillen recibió un curioso mail informándole de que el hotel en que habíamos reservado para hacer la noche de Newcastle, había sido cerrado, por motivos de alarma de incendio o de seguridad o algo indefinido y poco fiable. Le quité importancia diciendo que podíamos dormir dos noches en el hotel de ese día o reservar algo estando en el hotel. Al fin y al cabo, algo estupendo de internet  y de viajar en coche, es que se puede reorganizar e improvisar con notable facilidad. Con todo, a mí me quedó la curiosa cuestión de cuál fue el motivo real de que cerraran el hotel.

Luego dimos una vuelta escasa por la zona y los llevé a la biblioteca de John Rylands, para que la vieran por dentro, porque recordaba que era muy bonica. Sin embargo, debido a la ya mencionada manía de cerrar las cosas a las 5, vimos más bien poco. Lástima por la exposición sobre libros y tal, que estaba muy chula. Y lástima porque vieron la sala de estudio de pura chiripa, rápido y corriendo, y porque yo empecé a marear a los guardias.

La sencilla sala de lectura de la John Rylands Library

La sencilla sala de lectura de la John Rylands Library

Después de un paseo rápido por el centro, íbamos a irnos porque el día era feo y no estábamos muy allá, cuando decidimos tomarnos un café calentito.  La idea era estupenda y el café necesario. El problema fue que fuimos a Café Nero (¡por probar!) que en teoría es igual que Starbucks y Costa Café (igual de caro, por lo menos) pero no tiene las prestaciones de aderezo personal de la bebida adicionales que las otras dos cadenas ofrecen. Que tú dices: ya que pago lo que pago, déjame espolvorear chocolate, canela o vainilla sobre mi espuma a gusto y voluntad… Pero no. Y por eso no nos gustó.

Terminados los cafés, cogimos carretera para el norte. Ese alojamiento lo reservé yo: un albergue de esos juveniles oficial, apañado en justa medida, con ciertos estándares mínimos, lo cual el viajero aprecia convenientemente. La peculiaridad de este albergue en concreto es que estaba situado estratégicamente en medio de ningún sitio. Me explico: estaba a más de una hora al norte de Leeds, el cual, a su vez, está a una hora al norte de Manchester. En medio de otro parque natural. Súmesele a eso que la autopista estaba en obras la mayor parte del trayecto y ello conlleva unas retenciones adicionales. Súmesele a eso, ¡además! que llovía considerablemente, con lo que había más retenciones aún, menor visibilidad y un montón de camiones locos. Conclusión: cogimos la carretera que se adentraba en el parque en el que estaba el hostal – en Grinton está este, por cierto, súper cerca de Reeth, en Yorkshire Dales (valles) – siendo ya noche cerrada.

la vista cuando llegamos al hostal

la vista cuando llegamos al hostal

Cuando llegamos al hostel no se veía una mierda y – siendo sinceros – yo estaba temiendo que mis camaradas empezaran a quejarse sobre el sitio escogido para pasar esa noche. Pero a la vez tenía la certeza de que al día siguiente no se quejarían cuando vieran el paraje a plena luz del día. No se quejaron, de todas formas. ¡Bien!

Después de cenar y decidir qué trayecto tomar el día siguiente, así como reservar en otro YHA en York, fuimos a dormir. Cambiamos totalmente el itinerario, pero me pareció muy razonable – dentro de la locura inherente de todo el viaje – y me plació. A todos nos plació, creo.

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