Dia 4: Back al fin

Ese día, el último del viaje, nos levantamos cansados pero enjugascados Para el que no hable murciano, enjugascados quiere decir: “con ganas de hacer el tonto y la risa floja”.
El desayuno ayudó a despertarnos, porque este fue – oh, sí – ¡de caliente! Si hay algo que caracteriza a un español (incluido a uno que es discutiblemente español) en un desayuno de hotel, es que siempre es su deseo sacar el máximo rendimiento a la oportunidad que le brinda a una fila de comida sin control. Yo hice dos desayunos, aunque antes del segundo miré con un poco de recelo al resto de comensales en el comedor, para ver si estaban a lo suyo. No me arrepiento, señoría. El vasco no sé cuántos desayunos se tomó. Bien hecho o como dice el dicho inglés mal traducido: ¡bien por él!

Clifford Tower

Clifford Tower

Después regresamos al coche, con los bártulos ya, y nos dimos un par de horas de margen para ver la ciudad. Yo creo que dio bien para ello. Paseamos por el muro hasta llegar a la Clifford Tower, fuimos a ver la catedral (pero a esta no entramos porque había que pagar), paseamos también por la zona, que había unos adorables Gardens de un tal King, y luego nos vimos los jardines botánicos, donde había unas ruinas bonitas y otra Gallery que obviamos. Debo confesar que durante este viaje hemos obviado muchos museos y no me ha sabido mal. Quiero decir: siempre que se viaja hay que ver museos, ¿no? Pues oye, quizá no… ¡Cuestionemos el sistema!
Un tren y yo

Un tren y yo

Por último, fuimos al museo del ferrocarril, pero poco rato – lo cual lamenté un poquito porque me flipan los trenes y porque el museo estaba muy bien. Pero aún habíamos de subir a Newcastle, antes de volver a casa.
Llegamos a Newcastle – ¡sorprendentemente! – de día. A la 1, aproximadamente. Y aparcamos en un parking muy majo y céntrico, después de hacer un par de señoras pirulas con el coche. Pero conste que las pirulas no fueron a propósito ni gratuitas. Existe una serie de hechos que, una vez repetidos en el tiempo bajo circunstancias similares con similares resultados, pueden establecerse como normas. Yo establezco hoy una norma: los conductores ingleses son idiotas, por no decir una palabra peorsonante que empieza por G y acaba por OLLAS. Me explico: los conductores ingleses tienen muy poca paciencia, mucha mala baba y se ponen súper estúpidos si no vas por el carril que gira y de pronto quieres meterte y esas cosas… Da igual que esperes para meterte, no solo no te van a dejar pasar, sino que harán amago de embestirte, de modo súper agresivo, y si pueden, encima, te pitarán… Muy majos y correctos los ingleses, sí. Pero es que me parece harto absurdo de primeras que desde una distancia de 15 metros (¡15 metros!) ya, te estén separando en carriles unidireccionales, cuando tú no sabes seguro a dónde quieres ir, porque no conoces la zona, porque no pasas por ahí todos los malditos días…
Bueno, una vez aparcados, fuimos a pasear por la zona de la Newcastle University, que es muy maja y grande y céntrica. Vimos (¡bien!) The Great Museum, que tenía un popurrí bastante surtido pero bien llevado de cosas, incluido una exposición bastante respetable sobre el Muro de Adriano. Digo “bien llevado” porque no sucede así con otros museos ingleses/escoceses vistos hasta la fecha, empezando por el Kelvingrove Museum de Glasgow, acabando por cualquier otro que se os ocurra, porque ahora mismo se me han ido los ejemplos de la cabeza.
Cualquier dinosaurio random

Cualquier dinosaurio random

Un hecho interesante que me dejó claro la visita a este Great Museum es que aún quedan muchos restos del muro de Adriano, y eso me puso contenta desde mi perspectiva friqui. También tenían dinosaurios🙂.
Yo diría que un T-Rex

Yo diría que un T-Rex


Después del Great Museum decidimos hacer una parada por el coche y comer. Y (risa, pero no, pero sí) uno de los magníficos y opulentos bocadillos que nos estábamos preparando se cayó al suelo antes de que ninguno pudiéramos degustarlo. Decidimos culpar a Gillen y nos reímos un poco. Pero no mucho porque había hambre.
Pasado el momento de publicidad y esparcimiento, seguimos de turisteo por la ciudad. Fuimos a ver el centro, propiamente, la catedral (OBVIO), la zona del río con sus puentes (amor y eterno), el museo ese de arte contemporáneo que hay pasando el Millenium Bridge, el Baltic.
Después de la fugaz visita a este museo sin apenas arte en su interior (no es una crítica pedante, lo digo porque todas las salas menos una estaban vacías), regresamos tranquilamente al centro, para terminar de ver cualquier edificio reseñable. Antes, sin embargo, en nuestra visita fugaz por las salas cuyas exposiciones estaban siendo remontadas, pudimos disfrutar de una vista increíble.
Newcastle y sus puentes. Amor eterno.

Newcastle y sus puentes. Amor eterno.


Lo que sigue a todo esto, es un moderadamente largo trayecto de carretera hasta el norte (the NORTH, con voz profunda y grave de señor sexy, como lo ponen aquí en las señales de tráfico, para mi inmensa satisfacción), hasta Glasgow. Aquella noche dormí a pierna suelta, hasta que buenamente quiso mi cuerpo. Que resultó ser bastante.

The Provisional End

Moraleja (porque se espera que todos los cuentos tengan una, al menos): si te dicen de hacer un algo un par de días que tengas de vacaciones, así tontos, di que sí a ver qué pasa. Igual te encuentras con que lo pasas bien y haces amigos apañados.

Un pensamiento en “Dia 4: Back al fin

  1. ¿Apañados? ¿Amigos “apañados”? Somos geniales y lo sabes valenciana. No obstante, estupendo marco de viaje…. (apañados dice….tshe!)🙂

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