Se miran los amantes en el momento postrero

Se miran los amantes en el momento postrero,

y alcanzan a ver la muerte en su acuoso lecho,

inmenso, helado, tan negro como el cielo

que los cubre por doquier, infinito techo.

Algunas estrellas iluminan el fin

De su triste vida, pues ha de acabar así.

Fue brusco el naufragio, inútil la huida,

no hay tabla que ayude sin posible salida.

Se miran, se hablan, tiritan, se callan,

ignoran los llantos y a la gente que grita.

Deciden entonces que están ellos solos:

Recordemos lo bueno, hagamos que valga.

Se miran de nuevo, se dicen te quiero,

se cogen las manos, comparten recuerdos.

Qué ironía, llora ella, empezar a vivir el día,

como el último de mi vida y  séalo luego.

Qué ironía, llora ella, esta nuestra suerte,

A lo que él asiente y nada y lucha con la muerte.

De nuevo se miran y se dicen te quiero.

Y por fin él, de ver su llanto ya más deshecho

que de no sentir su propio cuerpo,

se decide a ser, sin mucho tacto, del todo sincero:

Muévete, cariño – si tanto amor hay – hazme hueco,

que ahí hay sitio para los dos y yo voy notando que me muero.

Anabel PRIETO

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