Corrían bulevar abajo

Corrían bulevar abajo, con el sol a sus espaldas calentando sus corazones. Despojados de toda preocupación, totalmente ajenos a su juventud y belleza, su felicidad era genuina y completa. Nadie había apostado por ellos y ellos habían respondido recíprocamente al mundo. Ida no pudo contener su felicidad al pensar en lo maravillosa que era su perspectiva y prorrumpió en una risa alegre y contagiosa. Cuando Luc volvió la vista atrás, sus risueñas miradas se cruzaron y una sonrisa enorme surgió de él.

Era por la tarde y el sol seguía subiendo, hacía calor, pero el calor no venía solo de fuera. Luc envolvió la mano de Ida entre la suya propia y la presionó levemente un segundo, queriendo decir todo lo que pasaba en aquel instante por su mente sin hablar una palabra.

Inmediatamente aceleraron el paso dispuestos a llegar a todas partes. Ambos lo sabían: nada más allá del aquí y el ahora importaba. Ninguna otra cosa era tan segura como aquella verdad y en eso consistía su riqueza, aquella era su virtud.

Corrían bulevar abajo y siguieron corriendo hasta que el bulevar se les terminó. Luego continuaron dispuestos a comerse el mundo.

Anabel PRIETO

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