El reino de la disolución

Cuando llegue a casa tengo que hacer tantas cosas… tengo que hacer esto y lo otro y lo de más allá… y ah, que no se me olvide aquello, también he de hacer aquello porque, en realidad, es muy importante y debería estar hecho para ayer.  Y avanzo haciendo listas en mi mente y pensando si una nota adhesiva no será más efectiva.

Mas cuando llego a casa, de algún modo, todas las cosas que tenía que hacer y que parecían tan importantes y urgentes, quedan totalmente obviadas ante otra imperiosa necesidad que durante el día tiene el detalle de acallarse convencional y convenientemente. Cuando llego a casa, el reino de la disolución me envuelve y me veo descorchando una botella y sentándome a escribir, quién sabe qué inutilidad.

Y entre pausas para beber y desbeber, me pregunto, algo insegura: “¿Qué saldrá de tanto vino?”

No lo sé, pero espero que cirrosis no sea la único.

 

Anabel PRIETO

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